Hasta ahora no tenemos respuesta a dicha comunicación, de echo cada día nos volvemos mas etéreos, cada día nuestra invisivilidad se hace mas evidente, ya no solo ignora nuestro dolor, también ignora nuestra presencia, como el indigente que duerme detrás de un muro, o el niño con autismo o síndrome de Down que se prefiere encerrar en una "escuela de lenguaje", creyendo que si no piensas en ellos, tal vez se vayan, tal vez se diluyan y desaparezcan.
Nuestra lucha es cada vez mas empinada, ya no solo luchamos por justicia, ahora luchamos por no ser invisibles, por dejar de ser parte del curioso incidente del año pasado.
La tarea que nos ha puesto don Juan es grande, nos ha negado justicia, nos ha negado respuestas, nos ha negado orientación, nos ha negado incluso un lugar decente para que nuestros niños realicen sus clases, cada día arroja una nueva capa de tierra sobre nuestro dolor para enterrarlo y pretender que nunca existió.
Esa es nuestra labor, estar ahí día a día, recordarle que nuestro dolor existe y que no permitiremos que lo ignore, no dejaremos que lo olvide, y mientras mas profunda sea la fosa donde pretenda enterrarnos, mas alta será la torre desde donde gritaremos: don Juan Lima, aquí estamos, no nos iremos y no desapareceremos, mientras mas demore nuestra justicia, mas fuerte la exigiremos